sábado, 8 de septiembre de 2012

El último vuelo del Fénix: El mago misterioso

Skirden cabalgaba con brío, disfrutando de la velocidad. Sus pezuñas hollaban la tierra blanda y negra, y la hierba siempre tierna de Quel’thalas le humedecía de rocío las patas. En ocasiones como esa, cuando su señor aflojaba la férrea tensión de las riendas, Skirden sabía que podía dejarse llevar y  galopar libremente. En aquellos momentos, su señor dejaba de ser el amo severo y dominante y se convertía en un agradable aliado que no le clavaba las espuelas ni le forzaba a asumir ningún ritmo distinto al que su naturaleza fogosa le dictase. Aquellas cabalgadas libres y salvajes forjaban entre ambos un extraño vínculo que Skirden sabía reconocer.

Él era un corcel de batalla, grande, musculoso y un poco temperamental que no se asustaba de la plaga, de los demonios, ni siquiera del fuego. Había destrozado esqueletos reanimados con sus patas, había atravesado columnas de llamas, chamuscándose las crines, había cargado contra demonios. Y tras todas aquellas hazañas, había sido apartado, relegado, desechado como un viejo inútil. Su señor le había rescatado de un destino lamentable para un caballo de guerra thalassiano, como arar los campos de algún terrateniente de Páramos de Poniente, y aunque Skirden no podía comprender esto de forma racional, sentía una gratitud instintiva hacia aquel elfo con un ojo tapado que le había vuelto a llevar al combate y a los procederes que conocía bien, para los que había sido entrenado toda su vida.

Llegaron a un arroyo y el corcel se detuvo para beber. Estaba sediento. Su señor se bajó de su lomo y el traje de hierro que llevaba entrechocó cuando apoyó los pies en el suelo. Le palmeó el cuello mientras bebía y le dijo algo al oído. Skirden captó el tono grave y suave de su voz y supo que algo preocupaba a su señor.  Le miró y le empujó la mejilla con el morro. Su amo no se lo tomó muy bien, aparentemente, pero volvió a acariciarle el cuello.

A pocos metros de donde ambos se encontraban, hizo su aparición una segunda figura. Skirden miró al elfo. Era alto y vestía de rojo y morado. Llevaba el rostro cubierto por una caperuza de combate que le tapaba las facciones y también el cabello, pero sus ojos verdes resplandecían intensamente. Caminaba apoyándose en un báculo. Skirden abrió los ollares y resopló; el desconocido desprendía un fuerte olor a magia.

-No deberíais estar aquí-dijo su amo, dirigiéndose a la figura-. Podrían vernos.

-Admiro vuestra desenvoltura, milord. Sois muy osado al decirme lo que debería o no debería hacer.

El elfo embozado dijo esto sin hacer el menor gesto de altivez, con un tono natural y casi cariñoso, como si se dirigiera a un joven disoluto.  Su amo no pareció tomarse esto a mal, por el contrario, inclinó levemente la cabeza.

-Disculpadme. Selama ashal’anore. No esperaba veros.

-Lo sé.

Ambos se miraron en silencio durante un rato. El elfo del báculo paseó la mirada a su alrededor durante unos segundos, como si quisiera contemplar el paisaje. A Skirden, sin embargo, aquel gesto le recordaba al de algunos felinos de los bosques cuando comprueban que no hay olores extraños en su territorio. Sacudió la cabeza y relinchó, inclinándose de nuevo para beber agua mientras su amo y el extraño hablaban.

-La situación se está complicando-dijo el extraño-. Esos Santos o como quiera que se hagan llamar causarán un problema diplomático con Entrañas si siguen matando Renegados.

-¿No lo han causado aún?

-No que yo sepa. Parece que los sirvientes de la Reina Alma en Pena están demasiado ocupados en poner veneno para perros alrededor de la Muralla de Cringris.

-Supongo que eso nos conviene.

-Tarde o temprano se sabrá. Espero que estéis totalmente desvinculados de esa gente.
Skirden resopló. Su amo le dio un par de palmaditas en el cuello y elevó el labio superior en una mueca de desprecio, gruñendo un poco.

-Nacámbar se les unió. He cortado todos los hilos que nos unen a él y los diplomáticos trabajan para que quede claro nuestro posicionamiento al respecto.

El hombre embozado asintió lentamente y miró alrededor de nuevo.

-Las reivinidicaciones de los Santos son útiles por el momento, pero si su poder crece demasiado, llegarían a ser un problema. Puede que se les unan otros.

-Puede.

-La servidumbre a la Horda empieza a demostrarse excesiva. Al menos a ojos de cualquiera  que no se pase el día fumando maná y se interese un mínimo por su patria. Antes o después, habrá disturbios en Quel’thalas. Solo estamos posponiendo lo inevitable. – El elfo embozado suspiró, de pronto parecía cansado. –El decreto sobre la absorción de las milicias por parte del Ejército Thalassiano se aprobará hoy. ¿Habéis tomado alguna decisión al respecto?

Skirden percibió al instante la súbita tensión de su amo. Era la misma que le asaltaba cuando se encontraban con imprevistos en el combate, entonces le clavaba los muslos y le hincaba las espuelas casi sin querer. Skirden no necesitaba, no obstante, esas señales físicas para captar su estado de ánimo.

-Esperaba alguna orden de mis superiores.

-Dudo que vuestros superiores puedan pronunciarse de forma oficial sin poner en tela de juicio sus lealtades, milord-replicó el elfo embozado, con cierto paternalismo-. Presumo que esta decisión os corresponde sólo a vos.

-En ese caso-repuso el elfo del parche, irguiéndose-recibiréis la respuesta cuando llegue la hora.

-¿No os fiáis de mi?

-Me fío de vos. Pero no voy a responder por las vidas de mis hombres, sólo por la mía.

El elfo embozado se quedó en silencio, observando fijamente a su amo. Skirden percibía la tensión. Después, el mago pareció relajarse de nuevo y sus ojos se tiñeron de nostalgia.

-Sé que no queréis oír esto, milord, pero se supone, y vos lo sabéis tan bien como yo, que eso es lo que hace un líder militar. Responder por las vidas de sus hombres. –Los dedos del elfo del parche se cerraron sobre las crines de Skirden, que pateó un poco el suelo. Empezaba a ponerse nervioso. –Es ese peso el que los hombres como vos deben llevar sobre sí. De entre vuestros soldados, algunos entregaron su vida al reino, otros al Regente, otros a sí mismos y su propia prosperidad. Otros os entregaron sus vidas a vos. Y estos harán lo que decidáis. No romperán filas fácilmente.

El elfo del parche apretó los dientes. El corcel sacudió la cabeza y relinchó, su corazón empezaba a latir deprisa. Cuando su amo apoyó la bota en el estribo y montó casi de un salto, caracoleó, agitado, aguardando la señal.

-Señor, nuestra Orden no servirá a la Horda, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Y si para servir a Quel’thalas tenemos que ir contra la Horda, contra la Regencia o contra todos los malditos ejércitos de Azeroth, así será.

El elfo embozado asintió con la cabeza.

-Espero entonces que no temáis a la muerte.

-Llevo esperando la muerte muchos años. Si eso es lo que esta decisión me depara, al menos no moriré en la vergüenza y la servidumbre a los orcos.

Skirden se levantó sobre dos patas.

-Espero que eso no suceda. Perder tantos buenos soldados... -dijo el elfo embozado, inclinándose a modo de despedida-.  El Reino Legítimo los necesitará. Patria, Raza y Fidelidad, milord.

-Selama ashal’anore, señor.

Skirden sintió el fuego crecer en su interior. No necesitó que su amo le espoleara. Partió al galope y se internó en el bosque, esquivando los altos árboles, saltando sobre los troncos caídos. Saboreaba la angustia, la tensión, ese peso que parecía incalculable sobre los hombros de su amo. Pero a medida que cabalgaba, salvaje y libre, su fuego fue reduciéndolo todo a cenizas hasta que solo quedaron las llamas, la ligereza del galope y aquel vínculo inexplicable de gratitud entre los dos.





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Escrito por Aelion



                               

El ultimo vuelo del Fénix: Rivon

Introducción de Rivon en la trama, escrita originalmente en los foros oficiales:

Rivon caminaba con paso marcial por el cuarto donde se suponía que tenía que dormir. Llevaba dos días sin pegar ojo, y eso se notaba en su rostro, cuyos párpados mostraban unas ojeras en él nunca antes vistas. Estaba preocupado. Se había puesto su armadura, como siempre, pero hoy, por alguna extraña razón, le molestaba sobremanera.
Llamaron a la puerta de su casa.
Clavó la mirada en dirección a la puerta y comenzó a caminar hacia allí, más inquieto que otra cosa. Abrió, hablando sin ni siquiera fijarse en quién había detrás.
—Ava, estoy muy preocupado por todo lo que está pasando... —No terminó. Levantó la mirada mientras hablaba y vio que no era Ava'niel, sino Tabata.
—¿Estás bien, Rivon? —Preguntó, aunque era evidente que sabía la respuesta de antemano por las facciones demacradas de la cara del Sin'dorei.
—No. Pasa. —No dijo más. Tabata estaba acostumbrada a la sequedad que caracterizaba al elfo. No le molestaba.
—¿Quieres que te prepare algo de comer? Pareces débil y cansado. —Si no fuera porque ella lo conocía bien, nadie más hubiera dicho eso—. ¿Cuanto hace que no duermes o comes?
—Bastante. No te preocupes. —Sabía que se iba a preocupar de todas maneras—. Es Ava'niel, estoy muy, muy preocupado por ella. —Tabata, al notar el énfasis que daba a la preocupación que sentía Rivon, torció el gesto.
Se miraron largo rato, sentados ambos ahora en las sillas forradas de terciopelo rojo que descansaban en el centro de la sala de estar de su casa. Estubieron un buen rato en silencio.
—Ve a buscarla.
—No quiero molestar.
—Ya sé que no quieres molestar, Rivon, pero sabes de sobra que es tu deber y te necesita.
—Ella me ha pedido expresamente que me mantenga al mergen en esto, me lo ha suplicado y me lo ha pedido por favor de mil maneras. —Era raro ver al elfo pronunciar frases tan largas. Lo hacía con poca gente.
—¿Y cuando te ha frenado eso? —Sonrió, y él la miró. No pudo evitar devolverle la sonrisa como buenamente pudo.
Para el que no lo conociera, podía parecer hasta una sonrisa inquietante.
Se levantó de la silla, frotándose la cara con las manos. Descolgó los guantes de metal que descansaban en su cinturón y se los puso despacio. Colgó su escudo enorme en la espalda. Al lado de Tabata, el escudo medía como medio cuerpo de ella, y lo más probable era que pesara más o menos lo mismo. Su espada reposaba tranquila en una esquina, envainada. Como el escudo, también era enorme, a su medida. Se acercó y la alzó, leyendo de nuevo la inscripción que Ava'niel había hecho grabar para él. "Ann'dela Ronae". De nuevo una sonrisa. Giró la cabeza para mirar a Tabata.
—Mejor que vaya yo solo. Quédate en casa si quieres mientras estoy fuera.
Tabata asintió, mientras Rivon salía por la puerta sin esperar respuesta de la forestal. Cerró tras él, y lo único que dejó atrás fueron los pasos metálicos que se alejaban de la casa, pisando firmes por los adoquines de las calles de Lunargenta.

El último vuelo del Fénix: Maitriah

Relato corto escrito como introducción de Maitriah en la trama en los foros oficiales:

La Sin'dorei se despertó a media tarde, rascándose la mejilla con pereza y reprimiendo segundos después un bostezo con la misma mano. Las pulseras tintinearon mientras miraba a su alrededor con aire ausente y unas más que pronunciadas ojeras: un platillo con restos mágicos de color verdoso y una botella de licor vacía descansaban sobre la mesilla más cercana.
Ella también descansaba, sobre un diván de la planta baja, en una postura poco natural que explicaba el dolor en sus cervicales tras horas dormitando de aquella manera.

– Una buena... – bostezó de nuevo – noche, mañana, lo que sea..

Se desperezó como una gata un par de veces antes de levantarse y y mirar hacia su propia toga, arrugada pero intacta.
Un par de golpecitos secos con los dedos sobre la tela y...
Arrugó los labios, satisfecha.
Ya no estaba tan arrugada.

Tras estirarse por cuarta vez, ahora de pie, rogó silenciosamente por llevarse cualquier liquido a los labios que acabara con la sequedad en su garganta. Miró de reojo hacia la botella en la mesilla, la cual no había sido testigo de un milagro Beloriano, pues seguía vacía. Resignada a tener que caminar hasta la cocina para paliar su sed, echó a andar, peinando su flequillo negro sin entusiasmo alguno al no tener un espejo delante en el que poder mirarse.

A medio camino de su destino cruzó la entrada principal, donde una misiva lacrada con el sello de los Magísteres reposaba sobre una pila de libros viejos, que a su vez se asentaban sobre varias cajas de madera que la propia Maitriah no recordaba ya ni que guardaban en su interior. La elfa entrecerró los ojos, deteniendo sus pies descalzos y prometiendo por quinto día consecutivo que luego leería la carta.

Nunca era nada relevante, y ésta vez no iba a ser menos: una llamada de atención por sus actos, un resumen de lo acontecido en alguna Asamblea aburrida o una notificación para que acudiera a la Aguja para algo que no le importaba lo más mínimo.
Asintió para si misma con un cabeceo antes de abandonar el rellano en busca de una nueva botella de vino Thalassiano que abrir.

El último vuelo del Fénix: Bandos oficiales

El Reino de Quel'thalas, por la gracia de su Señor Regente, el Consejo Magistri y el General Forestal, hace pública la siguiente

ORDEN DE BUSCA Y CAPTURA

contra las siguientes personas y por los cargos que se indican.

TARIANA SOLRADIANTE, sin'dorei, cabello rojo, complexión fibrosa. Dama de Sangre. Pesan sobre ella los cargos de ABANDONO DEL DEBER y DESERCIÓN de la Orden de los Caballeros de Sangre.

TALDEMAR NACÁMBAR, sin'dorei, cabello rubio claro, complexión atlética. Soldado Rompehechizos. Pesan sobre él los cargos de SEDICIÓN, RESISTENCIA A LA AUTORIDAD, FALSO TESTIMONIO, INJURIAS Y CALUMNIAS, REBELIÓN, ABANDONO DEL DEBER, DESERCIÓN Y TRAICIÓN.

VINDAR RUEDASOLAR, sin'dorei, cabello rubio claro, complexión delgada. Sacerdote beloriano. Pesan sobre él los cargos de SEDICIÓN, RESISTENCIA A LA AUTORIDAD, FALSO TESTIMONIO, INJURIAS Y CALUMNIAS, REBELIÓN Y TRAICIÓN.

ESTAGAR HOJAPRESTA y DAELIN LUZARCANA, sin'doreis, cabello castaño y rubio oscuro, complexión atlética. Guardias de prisión. Pesan sobre ellos los cargos de ABANDONO DEL DEBER, DESERCIÓN Y TRAICIÓN.

Todo aquel que conozca su paradero y actividades debe informar sin demora a la Guardia del Reino o en el Cuartel de los Caballeros de Sangre.

Ocultar información, colaborar con estos individuos o encubrirles de cualquier modo será considerado a su vez CONSPIRACIÓN y COLABORACIONISMO CON TRAIDORES y se detendrá, juzgará y condenará a todo aquel que cometa tales actos.

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[Aquí una ristra de sellos del Reino Thalassiano y las firmas y lacres de la Regencia]


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Por la gracia del Lord Regente Lor'themar Theron, el General Forestal y el Consejo Magistri, se hace saber:

que las milicias independientes que han estado colaborando hasta ahora con los Magistri del reino, pasan a formar parte oficialmente del Ejercito Thalassiano, que quedan bajo el mando del Lord Regente Lor'themar Theron y el General Forestal Halduron Alasol para mayor gloria de nuestro reino.

Que todos los soldados pertenecientes a dichas órdenes deben personarse en la Aguja Furia del Sol para su posterior traslado a Orgrimmar, donde serán adscritos a las listas de reclutamiento de la horda. Todos aquellos que no acudan desde esta fecha hasta el próximo lunes serán culpables de un delito de desobediencia y deserción y se les será impuesta la pena pertinente.

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[Sellos oficiales y lacres de la Regencia]


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 La inquietud se adueña de las calles de Lunargenta. Los rumores han corrido como la pólvora, algunos dicen haber sido testigos, los gritos se han escuchado por toda la capital, exaltando a Belore, a la monarquía, a los antiguos Reyes, gritos en contra de la horda y el propio Regente que encendían los ánimos de los ciudadanos. Algunos dicen que han visto el tumulto ante las puertas de la Aguja, tras el paso de los soldados del Ala de Fénix que marchaban a alistarse en la Horda, los rumores más alarmantes hablan de muertos, de sangre empapando la alfombra roja y guardias e insurgentes cayendo por igual... otros dicen que no son más que exageraciones, ya que cualquiera que se asome a la rampa de acceso a la Aguja verá que todo está en orden, los guardias ocupan sus lugares y la alfombra está impecable. Aun así, los bandos que se han hecho circular no invitan del todo a la tranquilidad. Dicen así:
Por la gracia del Lord Regente Lor'themar Theron, el General Forestal y el Consejo Magistri, se hace saber:

Que desde ahora y hasta nuevo aviso, Lunargenta está bajo el ESTADO DE EXCEPCIÓN.

Que mientras esté vigente la autoridad de la guardia para sofocar brotes de violencia y dar fin a los disturbios será completa e indiscutible.

Que todo grupo de más de cinco personas será considerado reunión y por lo tanto ilegal, se procederá a su interrogatorio y se considerará su detención.

Que toda acción que contribuya a propagar rumores que creen alarma y malestar entre los ciudadanos será considerada delictiva.

Que las puertas de la ciudad quedan bajo ferrea vigilancia, y ningún ciudadano podrá acceder o abandonar Lunargenta sin los permisos expresos concedidos por el Vigia de las Puertas.

Todo aquel que apoye, encubra o ayude de manera alguna a los integrantes de la organización terrorista conocida como Los Santos o a la orden del Ala de Fénix sera culpable de un delito de CONSPIRACIÓN Y ALTA TRAICIÓN y condenado a la pena capital por ello.

Se insta a los ciudadanos a seguir con su vida cotidiana, a realizar sus actividades con normalidad y a no quebrantar la paz de la ciudad.

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[Sellos del consejo y la Regencia]

El último vuelo del Fénix: Informes de inteligencia

INFORME OFICIAL DE INTELIGENCIA

                 A petición del Consejo Magistri, el Alto Mando Forestal y la Regencia

                                              Diario de observación

 Día vigésimo segundo del sexto ciclo del año vigente:

El sacerdote Vindar Ruedasolar y el soldado Taldemar Nacámbar, perteneciente a la orden del Ala de Fénix, al servicio del Consejo Magistri, son detenidos tras una incendiaria misa beloriana en la que el primero condena a la Regencia como traidora, ilegítima y no aprobada por Belore. El segundo lanzó vítores y consignas contra el Regente y la Horda y a favor de la monarquía.

Ambos fueron prendidos y conducidos a los calabozos, donde se les interrogó. Tras el interrogatorio, Taldemar Nacámbar quedó a la espera de la resolución del Consejo de Guerra y Vindar Ruedasolar, del veredicto de los Venerables de la Fuente del Sol.

 Día vigésimo octavo del sexto ciclo del año vigente:

El Consejo de Guerra ha declarado en este día a Taldemar Nacámbar culpable de los delitos de sedición, resistencia a la autoridad y traición. Aún está por determinarse su condena.

El Concilio de los Venerables ha declarado en este día a Vindar Ruedasolar afectado de enajenación mental. Se ha enviado a dos sacerdotes del Anochecer para intentar curar su dolencia y que vuelva a ser posible su reinserción en la sociedad thalassiana.


 Día vigésimo noveno del sexto ciclo del año vigente:

El sacerdote Vindar Ruedasolar no responde al tratamiento de control mental. Queda pues a la espera de las decisiones tomadas por la Regencia sobre su destino final.


 Día trigésimo del sexto ciclo del año vigente:

El sacerdote Vindar Ruedasolar y el soldado Taldemar Nacámbar han escapado de la prisión junto a dos guardianes. Según testigos, sendos guardias fueron quienes abrieron la puerta a los reos y les acompañaron en su huida fingiendo escoltarles por orden de sus superiores.

 Día segundo del séptimo ciclo del año vigente:


Se han recibido órdenes de no poner aún en busca y captura a los reos Vindar Ruedasolar y Taldemar Nacámbar, así como tampoco a los dos guardias que se dieron a la fuga.

Se han recibido órdenes de mantener la vigilancia en la ciudad para observar si se dan más actos de sedición o traición.

Dia vigésimo sexto del séptimo ciclo del año vigente:

Tiene lugar el primer brote de descontento popular observado en la Ciudad de Lunargenta en los últimos dos años.

Se detuvo a tres jóvenes estudiantes del Templo por lanzar improperios e insultos a un grupo de orcos que se encontraban reclutando para la Batalla de Los Baldíos, y a una elfa de sangre, de nombre Tariana Solradiante, Dama de Sangre. Esta última fue detenida por interceder por sendos estudiantes, lo cual era una aprobación implícita de su comportamiento.

En el interrogatorio realizado, los estudiantes afirmaron no formar parte de ningún tipo de conciliábulo rebelde, sino ser simplemente compañeros de estudios. Cuando se les preguntó la causa de sus malestares con la Horda, alegaron motivos políticos y expusieron sus razones con un discurso bastante completo acerca de lo que ellos llamaban esclavitud y el penoso estado de nuestra Patria a pesar de la supuesta ayuda de la Horda. Al intentar desentrañar quién o quiénes habían introducido el germen de esta idea en las moldeables mentes de los estudiantes, ellos sólo afirmaron que "es algo que se dice".

 Día primero del octavo ciclo del año vigente:


Se han observado diversos brotes de descontento popular. Abundan las murmuraciones. Se han observado discusiones políticas en tabernas y plazas, aunque ante la presencia de guardias uniformados y guardianes arcanos, se vuelve a hacer el silencio.

Día séptimo del octavo ciclo del año vigente:


En el desfile militar realizado hoy por los Caballeros de Sangre, se han escuchado consignas por la soberanía élfica, contra la Horda y contra el Regente. Ha sido imposible encontrar su origen entre la multitud. También se han escuchado insultos contra los pro-monárquicos y vítores a la Horda salvadora. El tono de unos y otros ha aumentado al paso de los Caballeros de Sangre pertenecientes a la orden del Ala de Fénix, que portaban el estandarte de su unidad. Muchas voces se han alzado para acusarles de asesinos y traidores, mientras que otras les vitoreaban con mucho ardor.

Día decimoquinto del octavo ciclo del año vigente:

La muerte de seis Renegados en las Tierras Fantasma inquieta y alegra a partes iguales. Se ha reabierto el debate entre la población sobre la utilidad de nuestra alianza con la Horda, aunque los ánimos parecen estar más sosegados últimamente.

Día decimoséptimo del octavo ciclo del año vigente:

Tariana Solradiante, Dama de Sangre, ha vuelto a ser detenida por interceder ante otro grupo de jóvenes sacerdotes alborotadores que esta vez agredían verbalmente a unos enviados de Entrañas, llamándoles impuros, aberraciones e instándoles a liberarse arrojándose a una pira.

Reprendidos los jóvenes, se ha interrogado a la Dama de Sangre y se ha enviado un informe a la Orden de los Caballeros de Sangre acerca de la actitud de la misma.

Día vigésimo del octavo ciclo del año vigente:


Tariana Solradiante ha sido puesta en busca y captura por la Orden de Caballeros de Sangre. Se la acusa de abandono del deber y deserción de la Orden.

Día vigésimo séptimo del octavo ciclo del año vigente:

Se ha dado orden de expandir bandos informativos oficiales. Se pondrá en busca y captura a Taldemar Nacámbar, Vindar Ruedasolar y Tariana Solradiante. Desde Inteligencia, seguimos observando la evolución del sentir popular y anticipamos posibles disturbios políticos entre los dos bandos que vienen definiéndose.

Incluimos una descripción de los perfiles de ambos bandos para facilitar a la Guardia la identificación de posibles individuos agitadores y su rápida neutralización.



DESCRIPCIÓN DE PERFILES:


a) Regentistas

-Todos ellos apoyan la política del Regente.
-Todos ellos apoyan la alianza vigente con la Horda.
-Todos ellos prefieren la dirección actual de las instituciones a los procederes anteriores.
-Muchos de ellos admiten la variedad racial en Lunargenta y Quel'thalas.
-Muchos de ellos tienen simpatía por los Arúspices y reconocen su victoria.
-Algunos de ellos manifiestan abiertamente su rechazo a la estirpe de los Caminantes del Sol, a las acciones del Príncipe Traidor y a las manipulaciones de la Legión Ardiente.
-Algunos de ellos admiten la salvación por medio de A'dal y M'uru y rechazan las fuentes de energías viles.
-Suelen ser personas progresistas, flexibles y abiertas.

b) Monárquicos

-Todos ellos desaprueban la política del Regente.
-Todos ellos desaprueban la alianza vigente con la Horda.
-Todos ellos prefieren los procederes institucionales que estaban vigentes en tiempos del Rey Anasterian y el Príncipe Kael'thas.
-Muchos de ellos condenan que se abran las puertas del Reino a otras razas.
-Muchos de ellos consideran traidores a los Arúspices y consideran su victoria una mera manipulación.
-Algunos de ellos manifiestan abiertamente su nostalgia por la estirpe de los Caminantes del Sol y no se muestran claramente desfavorables hacia las acciones del Príncipe y la Legión.
-Algunos de ellos se niegan a reconocer a A'dal y a M'uru como salvadores y siguen consumiendo energía de fuentes viles.
-Suelen ser personas tradicionalistas, de pensamiento rígido y muy disciplinadas.


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Extraido del foro oficial. Escrito por Ahti/Aelion

martes, 21 de agosto de 2012

Relato: Diplomacia.

Daleris se quedó mirando las manos del muchacho que permanecía sentado en la silla al otro lado de la mesa esmaltada de su despacho. El gesto con el que le había tendido aquel cilindro lacrado le llamó la atención, era casi como si estuviera sosteniendo un pincel, demasiado delicado en contraste a la mirada fría y resuelta que el diplomático le dirigía.

Tyrel Fion’varn le había resultado digno de recordar desde que entrase por vez primera a su despacho, demasiado joven para ser un buen diplomático, pensó, con un aspecto que a primera vista parecía ingenuo. De no ser por los sellos de los documentos que traía consigo, jamás habría imaginado que ese muchacho trabajaba para el Ala de Fénix.

-    A tenor de la desafortunada decisión de Taldemar Nacámbar de huir de prisión, Magistrado, el Lord Sin’Thael me ha hecho entrega de estos documentos para que se los hiciera llegar. Su disgusto con todo este asunto es evidente.

Parpadeó y apartó la vista del único anillo que vestían las manos del diplomático. Era de madera. Cogió el cilindro con un gesto aséptico y comprobó que el sello del Ala de Fénix estaba intacto antes de romperlo para extraer los pergaminos del interior del contenedor. El fénix de dos cabezas que portaban todos los integrantes de dicha orden en sus tabardos aparecía como una marca de agua en cada uno de los pergaminos, todos firmados por el Lord Sin’Thael.

-    Como sabrá, Fion’varn, la insumisión de vuestro compañero le va costar la pena de muerte. Estoy ansioso por escuchar sus argumentaciones sobre esta última rebeldía de Nacámbar.

-    No hay nada que pueda excusar su comportamiento, Magistrado. Consideramos que la decisión que habéis tomado es la correcta. Como vereis en esos pergaminos, el Lord Sin’Thael ha expulsado a Nacámbar de la orden, con sus acciones no solo traiciona a la Regencia, si no también a los que eran sus compañeros y el Ala de Fénix no tolera la traición.

Daleris leía por encima el contenido de los pergaminos mientras le escuchaba, comprobando que las palabras del diplomático eran ciertas. Ante él tenía una orden de busca y captura emitida a los soldados del Ala de Fénix, y la sentencia de expulsión firmada por Aelion Sin’Thael. No pudo evitar alzar una ceja al escuchar la última parte del discurso de Fion’varn.

-    Eso debe ser nuevo para la mayoría de ustedes.

Tyrel se acomodó en la silla y se apartó el flequillo de la frente. Llevaba la melena blanca suelta, y a pesar del aspecto desordenado de su pelo, ahí sentado y mirándole de esa manera le pareció estar ante uno de los nobles de la corte.

-    Si de algo pueden enorgullecerse los hombres del Ala de Fénix es de su lealtad, y cabe recordar que aquellos que se beneficiaron de la benevolencia de la Regencia al recibir la amnistía juramentaron ante el Lord Regente y hasta ahora su conducta ha sido intachable y sus avances notorios.

-    Hasta ahora, si.

-    El incidente con Nacámbar es un hecho aislado, seguramente haya sido influenciado por terceros que nada tienen que ver con nuestra Orden, Magistrado.

-    ¿Y sospecha de alguien?

-    Del mismo que vos, Magistrado, el sacerdote que espoleó a Nacámbar con su misa del todo impropia.

-    Vindar Ruedasolar. También hay una sentencia de ejecución esperándole.

-    Y como veréis también está en busca y captura para el Ala de Fénix. Espero que hagáis públicas estas acciones cuanto antes.

Tyrel Fion’varn se levantó de la silla entonces, sin esperar a que fuera el Magistrado el que le diera el permiso, lo que hizo a Daleris volver a alzar la ceja.

-    Haremos lo que consideremos apropiado y necesario, Fion’varn. Puede retirarse.

Entonces pareció recordar la humildad el diplomático, y bajó la mirada y la cabeza para despedirse del Magistrado.

-    Anu belore dela'na

-    Shorel’aran.

Daleris guardó los documentos en el cajón del escritorio, y siguió con la mirada al muchacho vestido de blanco, pensativo. Dudaba de que las cosas fueran a calmarse con esas órdenes, pero haría lo que su posición le exigía, por mucha desconfianza que le generase todo el asunto.
                               

sábado, 18 de agosto de 2012

Relato: Privilegiados

Este relato marca el prólogo a los eventos que tendrán lugar en el mes de Septiembre, por medio de los cuales el Ala de Fénix pasará de ser una milicia independiente bajo las órdenes del Gran Magister Rommath a ser... lo que tenga que ser, juajuajua!!!

Esperamos que os guste. Y recordad que si queréis publicar relatos sobre vuestros personajes, eventos o actos que tengan lugar y repercutan en ellos o sobre lo que os de la gana, solo tenéis que decírnoslo. ¡A leer!




PRIVILEGIADOS

El amanecer despertó a la ciudad envuelta en una suave bruma. La Aguja Furia del Sol se alzaba como un largo alfiler de oro reflejando la luz del sol naciente y cuando éste comenzó a alzarse, el resplandor ascendió a lo largo de la puntiaguda cúpula, iluminándola por completo. Asemejaba una llama resplandeciente, un único rayo de sol engastado en un báculo de marfil. Más abajo, las calles de la Corte del Sol comenzaban a poblarse de actividad: se extendían los toldos, se aireaban los pendones y los balcones y celosías se abrían mostrando cortinas vaporosas y flores siempre frescas que engalanaban las balaustradas. El zumbido constante de la magia arcana, que parecía sosegarse durante las horas nocturnas, volvía a intensificarse ahora como un murmullo de fondo, similar a una corriente de agua o al silbido de los cristales azotados por el viento.

En el interior de la Aguja, justo en la puerta de la Asamblea, el magíster Maldathar Ilvana bostezaba impúdicamente, aguardando junto a algunos de sus colegas a que diera comienzo la reunión a la que habían sido convocados. Se apartó para ceder el paso a un grupo de emisarios, cubriéndose disimuladamente la nariz con un pañuelo. Fingió una tos. Los trols no eran su raza favorita, pero al menos tenían la decencia de no apestar. No podía decirse lo mismo de algunos orcos y, sobre todo, de los no-muertos. La delegación pasó delante de él con un caminar marcial aunque dispar, sin prestarle la menor atención, para decepción suya. Los seis emisarios vestían el tabardo de la Horda salvo el renegado, que lucía el blasón y colores de la Reina Alma en Pena. Todos parecían llevar bastante prisa.

—Otra vez están aquí esos animales—farfulló una voz malhumorada a su lado, hablando en thalassiano—. ¿Qué quieren ahora?

—No les llaméis animales, magister Finrael—respondió una joven aprendiz, haciendo acto de presencia desde la puerta de la Asamblea—. Son nuestros aliados y tenemos que respetarles. Les debemos mucho.

—Ya—espetó el hechicero, afilando su expresión—. Y seguro que han venido a cobrarlo. 

—No seáis cínico—le reprendió la muchacha. Maldathar miró de reojo a sus dos colegas, disimulando una media sonrisa y guardándose el pañuelo bajo los ropajes. La chica le devolvió la mirada y después apartó rápidamente la vista. —Ya podéis pasar, señores. 

La joven abrió el otro batiente de la puerta y los magistri entraron en el salón en grupos ordenados y tranquilos.

. . .

La sala de la Asamblea, en la Aguja Furia del Sol no era ni una sombra de la que había sido destruida durante el Azote. Aquella había sido un magnífico salón de altos techos pintados y luminosas cristaleras y esta no era más que una nave circular en la que el espacio, si bien era suficiente, no sobraba. Los libros y pergaminos se apiñaban en los estantes hasta el techo, había cristales mágicos vibrando aquí y allá y un par de banderas. Para cualquier otra civilización, el lugar habría sido lujoso y en cierto modo impresionante, pero a Maldathar y a sus compañeros les sabía a poco. Habían conocido tiempos mejores, tanto la ciudad como ellos mismos. Se colocaron de pie alrededor del círculo interior, marcado por el mosaico de un sol ardiente dibujado en el suelo, y los seis miembros del Consejo Magistri aparecieron al fin, a través de unas cortinas azules que daban acceso a otro pasillo, al fondo de la habitación.

Los grandes magos del reino ocuparon su puesto, en el centro de la sala, y tomaron asiento en sus sitiales. La asamblea comenzó.

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Había acudido con el firme propósito de prestar toda su atención y vencer al sueño, pero las tediosas divagaciones y las evasivas no eran algo que pudiera aguantar durante mucho rato. A pesar de su carácter disoluto en todos los demás aspectos, Maldathar Ilvana siempre había sido muy serio en los asuntos de la magia, por lo que tuvo la decencia de no dormirse. Soportó estoicamente las formalidades, las introducciones, los eternos prólogos de sus camaradas y las discusiones de asuntos cotidianos y poco importantes, sabedor de que no eran más que entremeses, un calentamiento antes del plato fuerte. Éste llegó tras una hora larga de preámbulos.

—Como sabéis, camaradas, la máquina de guerra de la Horda se enfrenta en estos días a incontables batallas—comenzó uno de los consejeros, un elfo de cabello blanco y piel casi translúcida. En su rostro se marcaban los huesos de los pómulos y la nariz, y pese a no tener apenas ninguna arruga, su voz, sus ojos y esa cualidad casi transparente de la piel y los cabellos indicaba su muy larga edad—. Aplastar a la traidora Alianza no es tarea fácil; en diversos frentes, la bota de hierro del Jefe de Guerra nos reclama.

Hubo un leve murmullo de inquietud. El consejero lo aplacó con un único gesto de la mano.

—El Jefe de Guerra necesita más hombres y se ha hecho una petición oficial al ejército thalassiano. Petición a la cual el Reino debe responder por el pacto de lealtad que nos une a nuestros aliados.

Maldathar disimuló una media sonrisa. En su mente, iba sustituyendo cada palabra por las que él creía que se ocultaban detrás. Sospechaba que cuando el magíster decía "petición" quería decir en realidad "chantaje" o "amenaza", y el pacto de lealtad no era otra cosa que la supervivencia del Reino. Y la supervivencia del Reino parecía cada vez más complicada. Garrosh no era Thrall, y Sylvannas parecía ser cada vez más osada. Si los sin'dorei ya habían estado en una posición vulnerable ante sus propios aliados antes del Cataclismo, con el nuevo Jefe de Guerra las cosas no habían hecho mas que empeorar. Para aquellos que deseaban que el Reino volviera a ser independiente y cerrase sus fronteras como antaño, la situación no podía pintar peor. En cuanto a los trabajos de reconstrucción, era imposible volver a levantar una nación como Quel'thalas cuando la población se había visto reducida a una décima parte y las fuerzas élficas se desangraban en guerras lejanas contra la Alianza o combatiendo a lo que algunos daban en llamar "amenazas comunes". 

Maldathar nunca había opinado públicamente sobre aquellos temas y su posicionamiento al respecto no estaba muy claro. En aquella ocasión como en tantas otras, escuchó en silencio, con la sonrisa ambigua pintada en el rostro y expresión impenetrable.

—El Reino no puede quedar indefenso ante las amenazas que le cercan, por lo que los magistri debemos hacer un sacrificio por el bien de todos. —El Consejero hizo una pausa. Los elfos guardaron un tenso silencio, esperando escuchar las malas noticias. Finalmente, el elfo anciano volvió a hablar: —Las milicias independientes que nos prestan apoyo para nuestras labores serán anexionadas al Ejército Thalassiano. 

La sala volvió a respirar. ¿Eso era todo? No era para tanto, entonces. No les iban a enviar a la guerra, a esas cochiqueras orcas ni a los pestilentes corredores de Entrañas.

—Como parte del mismo, estas milicias quedarán bajo el mando del Regente y el General Forestal—continuó el Consejero—. Con esta operación, el total de soldados del ejército del Reino se ampliará y nuestros líderes tendrán más capacidad de maniobra a la hora de distribuir tropas tanto dentro como fuera de éste. Y nosotros mantendremos nuestra posición y nuestra dedicación a las labores de Quel'thalas, salvo los casos excepcionales que sean reclamados fuera de las fronteras para apoyar en la guerra contra la Alianza: magos de batalla o investigadores avezados.

La reunión se prolongó durante largo rato aún, explicando las labores y funciones extra que iban a tener que acometer los magos del Reino. El trabajo debía ser distribuido y no todo en la guerra consistía en tipos con espadas: había suministros de cristales que disponer para alimentar de magia a las tropas alejadas del Reino, tecnologías que desarrollar y preparativos que hacer. Maldathar prestaba atención y al mismo tiempo, meditaba sobre lo que acababa de oír. 

Horas más tarde, cuando las puertas de la asamblea se abrieron de nuevo, el sol ya se había elevado hasta su cénit y la ciudad hervía de actividad. Los magistri abandonaron la Aguja sobre la alfombra roja, caminando con pasos lentos y altivos como era su costumbre. Al fin y al cabo, eran unos privilegiados.

Maldathar Ilvana se acercó a los establos y recogió al zancudo blanco, que aguardaba con aspecto malhumorado. Le dio una palmadita en la cabeza antes de montar.

—Vámonos, Regente. —Agarró las riendas y se colocó la boquilla de cristal tallado entre los dientes, exhalando una nube de humo azul. El zancudo graznó y se sacudió un poco. —Y ahorra energías. En lo sucesivo vamos a estar muy ocupados.
...

Fin